NacionalesArmada7 ago 2026, 8:59 a. m.

De la costura a la Comando Anfibio

El Suboficial Principal Esteban Nereo Moreno, cordobés de nacimiento, desarrolló su vida profesional en la zona naval de Puerto Belgrano tras ingresar a la Armada Argentina a los 21 años. Su trayectoria de más de tres décadas se centró en las operaciones especiales y la experiencia adquirida en Comandos Anfibios,

De la costura a la Comando Anfibio
Imagen: Gaceta Marinera.

Esteban Nereo Moreno, Suboficial Principal de Infantería de Marina, nació en la provincia de Córdoba y su historia profesional se desarrolló en la zona naval de Puerto Belgrano. Con treinta y tres años de servicio, su trayectoria está marcada por la exigencia de las Fuerzas Especiales y por la continuidad de una vocación que fue forjada en la disciplina de la Armada Argentina. En su juventud, Moreno se relacionó con un oficio manual en San Marcos Sud, localidad cercana a Villa María, donde trabajaba cosiendo balones.

Este contexto, que parecía ajeno a las operaciones navales, contrasta con el eventual destino que lo llevaría a integrar los Comandos Anfibios y a vivir una carrera centrada en la disciplina, la preparación física y la responsabilidad operativa. A los 21 años ingresó a la Armada y, desde entonces, ha enfrentado desafíos que superan la mera tarea cotidiana, para convertirse en un referente de la especialidad dentro de la institución.

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En sus comienzos fue destinado al Batallón de Infantería de Marina Nº2, pero su experiencia se transformó en un nuevo horizonte tras participar en una Misión de Paz en Chipre. Allí se encendió la curiosidad por ser parte de los Comandos Anfibios, influenciado por compañeros y por un Jefe que portaba la boina característica de la unidad. Este impulso lo llevó a inscribirse en el curso correspondiente, enfrentando una prueba de fuego constante que evaluó su capacidad de adaptación física y su voluntad de superación.

Moreno reconoce que uno de los mayores retos fue la adaptación física inicial, especialmente porque no sabía nadar de forma técnica. En poco tiempo, logró avanzar con un entrenamiento intenso que incluía salidas a correr a altas horas de la madrugada y jornadas que a veces no permitían dormir. Sin embargo, todo el esfuerzo fue apreciado como parte de un proceso formativo que lo llevó a descubrir su vocación.

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A lo largo de su trayectoria, el Suboficial Principal señaló que la especialidad exige más que aptitud física: requiere compromiso, responsabilidad y la capacidad de trabajar de forma coordinada entre camaradas. En el mundo de las Operaciones Navales Especiales, la confianza en el equipo es un pilar fundamental, y Moreno enfatizó que, con quienes superan las pruebas de responsabilidad, se establece una forma de trabajo increíble. Su testimonio subraya que el profesionalismo de un Comando Anfibio reside en la seriedad con la que se asume cada misión, independientemente de la jerarquía.

Durante su carrera, Moreno pasó por diversos cargos dentro de la Agrupación Comandos Anfibios, fue instructor y formó parte del Comando de Operaciones Navales Especiales. Dentro de las capacidades de la disciplina, encontró en el paracaidismo su "deporte favorito" y sostuvo que la clave de la especialidad es la versatilidad: mantenerse con un nivel mínimo del 50% para todo y aspirar a más. A pesar de la peligrosidad inherente a su labor, Moreno ha mantenido un perfil sobrio ante su familia, formada por dos hijos que residen en Bahía Blanca.

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El líder naval reconoce la necesidad de equilibrar la vida personal con las exigencias de su servicio, manteniendo a la familia al margen de las hazañas diarias para proteger su intimidad. Con raíces cordobesas que persisten, Moreno regresa cada año a su tierra para reencontrarse con su familia cercana y mantener viva la relación con su madre y sus hermanos, recordando al padre ya fallecido.

En las reuniones familiares prefiere la modestia y la reserva, evitando relatos de las operaciones, pues considera que la vida profesional forma parte de una reserva personal que no necesita del relato público. A sus 55 años, su mirada se mantiene en la trayectoria y en la evolución de su vocación, sosteniendo una filosofía simple: no ve su labor como un trabajo, sino como algo que le gusta hacer. Afirma que no importa la jerarquía ni el horario, y que continúa en la actividad por la pasión que le impulsa.

Su recorrido, que va desde un taller en Córdoba hasta saltos en paracaídas sobre el mar, ilustra cómo la Armada Argentina puede transformar la curiosidad inicial en una vocación de servicio a la Patria, manteniendo la humildad y el compromiso como ejes fundamentales de su identidad profesional.

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